Friday, December 14, 2007

EXILIO
Para mis compatriotas en el exilio.

La primera pagina del libro "De Otros Héroes" de Petronio Rafael Cevallos. A Petronio lo volví a ver después de algunos años y le pedí otra copia de su primera novela. Se las recomiendo.
Espero les guste.

Submundo sin fin

Nací en la tierra de lo que pudo haber sido y no fue. Crecí en la tierra de lo que fue y no debió haber, sido. Nación del primer grito que no fue independencia. País miembro de la Gran Colombia que no duro. Fundo de estadistas que no lo son, de poetas que son estadistas, y que no son ni estadistas ni poetas. Cuna de Alberto Spencer, quien pudo haber sido campeón del mundo, pero no quiso nacionalizarse uruguayo. Hogar de Barcelona, que pudo haber sido campeón de América, pero rehusó ganarle la final al Olimpia del Paraguay. Emporio de la pepa de oro, del oro verde, del oro negro y del oro rojo. Botín de cinco velasquismos y de mil dictaduras que nuca debieron ser. Republica cuyos malos gobernantes la harán desaparecer, según Mariana de Jesús. Imperio de mangoneo, del palanqueo, de la troncha y del compadrazgo; donde el nombre hace al hombre, y no deberia ser. Territorio donde la violación, el robo, el crimen, la infamia y toda suerte de latrocinios invencibles campean por cinco siglos. Prototípica banana republic en desaforada subasta y for export. Allí nací y crecí.

Mis profesores, siguiendo la tradición romántica, me habían ensenado que mi vapuleada y pequeña patria fue una vez parte de un poderoso y gran imperio, del Tahuantinsuyo. Pero yo aprendí que era el Tahuntindeotro, que debería ser el Tahuantinuestro.

También me enseñaron que mis primeros ancestros fueron hijos legítimos del sol, y habían emergido del Titicaca. Sin embargo, desde hace quinientos años mis hermanos, los legítimos nietos y tataranietos del sol, se hallaban sumergidos en la Titimierda. Y no debería ser. Atahualpa, el último emperador inca, pago su muerte por adelantado con sendos cuartos repletos de oro, plata y piedras preciosas. Rumiñahui puso a buen recaudo el resto de los tesoros imperiales despeñadolos en algún abismo andino. Y ni siquiera dejo un mapa. Eugenio Espejo debió haber sido el primer presidente de la republica, y no Juan José Flores. Medardo Ángel Silva, poeta sensitivo y talentoso, marginado por su condición de mulato e hijo de lavandera, nació, vivió, escribió y –harto de soportar una sociedad racista, mezquina, filistea y archiprovinciana- se suicido a los veintiún años. Y no debió haber sido. La pluma de Juan Montalvo debió seguir matando no únicamente tiranos, sino también tiranuelos y tiranizados.

Nací y crecí en una satrapia con pretensiones republicanas. Espejismo democrático en un Sahara sin oasis y atestado de corrupción. Ficción geopolítica con su panteón heroico y mitómano. Lecho de rosas para cien familias. Cama de clavos para diez millones. Paisillo pomposo y veintimillesco. Allí vine al mundo, y no me explico porque. Tuve que nacer en algún sitio, y me toco hacerlo en el país de lo que pudo haber sido y no fue. La tierra de lo que es y no debería ser.

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