Si Yo Fuera Aleman
Este seria un perro pastor ecuatoriano. Pero basta de mi, que postee el unico @leman que conocemos...
fosforitos (litter)arios de un EcuaYorkino
Desde NY a SC para auyentar la soledad que persigue a GQ.
Cuando me amé de verdad.
Por Kim & Alison Mc Millen
..Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, y en el momento exacto.
..Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre... Auto-estima.
..Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angústia y mi sufrimiento emocional,
no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades.
..Hoy sé que eso es... Autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a ver que todo lo que acontece, contribuye a mi crecimiento.
Hoy sé que eso se llama... Madurez.
Cuando me amé de verdad, comencé a percibir como es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o la persona no está preparada... inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso és... Respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable ...
Personas, situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De início, mi razón llamó esa actitud egoísmo.
Hoy sé que se llama... Amor Propio.
Cuando me amé de verdad, dejé de temer tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los Mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo.
Hoy sé, que eso es... Simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré mucho menos veces.
Hoy descubrí la... Humildad.
Cuando me amé de verdad, desisti de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme con el Futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece.
Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama... Plenitud.
Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme.
Pero cuando yo la coloco al servicio de mí corazón, ella tiene una gran y valiosa aliada.
Todo eso es.... SABER VIVIR !
Banda Sonora Personal.
Paisaje
No debemos de pensar que ahora es diferente
Mil momentos como este quedan en mi mente
No se piensa en el verano cuando cae la nieve
Deja que pase un momento y volveremos a querernos
Jamas la logica del mundo nos ha dirigido
Ni el man~ana tan incierto nos ha preocupado
Una vez los dos pensamos hay que separarse
Mas deshicimos las maletas antes de emprender el viaje
Tu no podras faltarme cuando falte todo a mi alrededor
Tu aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo
Tu, tu me das la fuerza que se necesita para no marcharse
Tume das amor
Esa desicion absurda de dejarlo todo
Hemos de considerarla y empezar de nuevo
Al amor abandonarse sin pensar en nada
Pues si estabamos perdidos hemos vuelto a encontrarnos
Tengo ganas de sentirme lo bastante grande para conseguir
Que me des tu amor.
No debemos de pensar que ahora es diferente
Mil momentos como este quedan en mi mente
No se piensa en el verano cuando cae la nieve
Deja que pase un momento y volveremos a querernos
Volveremos a querernos
Deja que pase un momento y volveremos a querernos


Amanecía, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo.
Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de pitanza. Comenzaba otro día de ajetreos.
Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, estaba practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil torsión requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue más que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció de-tenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un... solo... centímetro... mas... Encrespáronse sus plumas, se atascó y cayó.
Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor.
Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera.
La mayoría de las gaviotas no se molestan en aprender sino las normas de vuelo más elementales: cómo ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.
Este modo de pensar, descubrió, no es la manera con que uno se hace popular entre los demás pájaros. Hasta sus padres se desilusionaron al ver a Juan pasarse días enteros, solo, haciendo cientos de planeos a baja altura, experimentando
No comprendía por qué, por ejemplo, cuando volaba sobre el agua a alturas inferiores a la mitad de la envergadura de sus alas, podía quedarse en el aire más tiempo, con menos esfuerzos; y sus planeos no terminaban con el normal chapuzón al tocar sus patas en el mar, sino que dejaba tras sí una estela plana y larga al rozar la superficie con sus patas plegadas en aerodinámico gesto contra su cuerpo. Pero fue al empezar sus aterrizajes de patas recogidas -que luego revisaba paso a paso sobre la playa- que sus padres se desanimaron aún más. .
-¿Por qué, Juan, por qué? -preguntaba su madre-. ¿Por qué te resulta tan difícil ser como el resto de la Bandada, Juan? ¿Por qué no dejas los vuelos rasantes a los pelícanos y a los albatros? ¿Por qué no comes? ¡ Hijo, ya no eres más que hueso y plumas!
-No me importa ser sólo hueso y plumas, mamá. Sólo pretendo saber qué puedo hacer en el aire y qué no. Nada más. Sólo deseo saberlo.
-Mira, Juan -dijo su padre, con cierta ternura-. El invierno está cerca. Habrá pocos barcos, y los peces de superficie se habrán ido a las profundidades. Si quieres estudiar, estudia sobre la comida y cómo conseguirla. Esto de volar es muy bonito, pero no puedes comerte un. planeo, ¿sabes? No olvides que la razón de volar es comer.
Juan asintió obedientemente. Durante los dias sucesivos, intentó comportarse como las demás gaviotas; lo intentó de verdad, trinando y batiéndose con la Bandada cerca del muelle y los pesqueros, lanzándose sobre un pedazo de pan y algún pez. Pero no le dio resultado.
Es todo tan inútil, pensó, y deliberadamente dejó caer una anchoa duramente disputada a una vieja y hambrienta gaviota que le perseguía. Podría estar empleando todo este tiempo en aprender a volar. ¡Hay tanto que aprender!
No pasó mucho tiempo sin que Juan Gaviota saliera solo de nuevo hacia alta mar, hambriento, feliz, aprendiendo.
El tema fue la velocidad, y en una semana de prácticas había aprendido más acerca de la velocidad que la más veloz de las gaviotas.
A una altura de trescientos metros, aleteando con todas sus fuerzas, se metió en un abrupto y flameante picado hacia las olas, y aprendió por qué las gaviotas no hacen abruptos y flameantes picados. En sólo seis segundos voló a cien kilómetros por hora, velocidad a la cual el ala levantada empieza a ceder.
Una vez. tras otra le sucedió lo mismo. A pesar de todo su cuidado, trabajando al máximo de su habilidad, perdía el control a alta velocidad.
Subía a trescientos metros. Primero con todas sus fuerzas hacia arriba, luego inclinándose hasta lograr un picado vertical. Entonces, cada vez que trataba de mantener alzada su ala izquierda, giraba violentamente hacia ese lado, y al tratar de levantar su derecha para equilibrarse, entraba, como un rayo, en una descontrolada barrena.
Tenía que ser mucho más cuidadoso al levantar esa ala. Diez veces lo intentó, y las diez veces, al pasar a más de cien kilómetros por hora, terminó en un montón de plumas descontroladas, estrellándose contra el agua.
Empapado, pensó al fin que la clave debía ser mantener las alas quietas a alta velocidad; aletear, se dijo, hasta setenta por hora, y entonces dejar las alas quietas.
Lo intentó otra vez a setecientos metros de altura, descendiendo en vertical, el pico hacia abajo y las alas completamente extendidas y estables desde el momento en que pasó los setenta kilómetros por hora. Necesitó un esfuerzo tremendo, pero lo consiguió. En diez segundos, volaba como una centella sobrepasando los ciento treinta kilómetros por hora. ¡Juan había conseguido una marca mundial de velocidad para gaviotas!
Pero el triunfo duró poco. En el instante en que empezó a salir del picado, en el instante en que cambió el ángulo de sus alas, se precipitó en el mismo terrible e incontrolado desastre de antes y, a ciento treinta kilómetros por hora, el desenlace fue como un dinamitazo. Juan Gaviota se desintegró y fue a estrellarse contra un mar duro como un ladrillo.
El ser humano es una persona sociable: no nació para estar ni vivir solo... Pero se mueve en el campo de las relaciones con los demás con cierta dificultad, muchas veces porque no se da cuenta que para estar bien con los demás, uno debe estar bien con uno mismo.
1. Primero, contigo mismo. Sólo cuando estás bien contigo mismo puedes estar bien con los demás
2. Manejar la soledad. Sólo cuando manejas tu soledad puedes manejar una relación.
3. Sólo se da lo que se tiene. Necesitas valorarte para valorar, quererte para querer, respetarte para respetar, y aceptarte para aceptar, porque nadie puede dar lo que no tiene.
4. Paz interior. Ninguna relación te dará la paz que tú mismo no crees en tu interior.
5. Fantasía que genera frustración. Pretender que otra persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es una fantasía que sólo trae frustraciones.
6. Autonomía. Ninguna relación te brindará felicidad que tú mismo no construyas.
7. Autosuficiencia. Sólo podrás ser feliz con otra persona cuando, bien convencido, seas capaz de decirle: 'No te necesito para ser feliz'.
8. Independencia. Sólo podrás amar siendo independiente hasta el punto de no tener que manipular ni manejar a los que dices querer.
9. Requerimientos. Para amar necesitas una humilde autosuficiencia, autoestima, y la práctica de una libertad responsable.
10. Autoestima y madurez. Ámate a ti mismo, madura, y el día que puedas decirle a esa otra persona 'Sin ti me la paso bien', ese día estarás preparado para vivir en pareja.
11. Compartir. Dos personas que vivan en pareja podrán ser felices sólo cuando se hayan unido para compartir su felicidad, no para hacerse felices la una a la otra.
Conclusión:
'Dos personas se aman únicamente cuando son capaces de vivir la una sin la otra, pero deciden vivir juntas'
Autor:El Camino Al Amor : "Los 11 pasos". M. Scott Peck
Aunque no estoy de acuerdo completamente con la conclusión, me identifico con la mayoría de los pasos.
Cambio y fuera.
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