Cajita De Colores - Pásame el amarillo
La semana empezó de amarillo y termina de amarillo. Esta mañana, leyendo mi librito de Adoum en el Tren 7, desayuné este delicioso texto:
...
y pintábamos a escondidas de los profesores, de los compañeros, de los padres, haciendo un dibujo para ellos y otras cosas para nosotros, como quien trabaja en un Banco y escribe versos por la noche, o como si nos besáramos ocultándonos detras de las puertas. A veces no te interesaban las formas (Miró te habrá perdonado ya) sino que súbitamente alegre, frenéticamente dichosa, como debería ser siempre el arte si los hijos de puta de la tierra no nos obligaran a poner del lado el sueño y renunciar al gozo para combatir, como será después el arte, llenabas la cartulina con todos los colores, salpicándolos, haciéndoles chorrear entrecruzándose en un raro laberinto sin confusión ni miedo, laberinto Pollock, trozo de muro al que cada día le quitó revoque o le dejó una mancha, y tú casi arbitraria, tú el azar.
-Por que haces eso Ana Rosa.
-Veras. Al pintar se hace conversar a los colores, se les une con muchos amigos para que puedan jugar, porque no les gusta estar solos. El negro en cambio no les comprende porque es grande y los chicos no comprenden tampoco lo que dicen los mayores. Si yo pinto una cartulina solamente de amarillo es un grito, un grito de alegría pero nada más, un grito que grita solo sin que nadie oiga ni le conteste. Y después de esa obra misericordiosa – juntar a los solitarios, escuchar a los chicos- rompías la cartulina y era lindo ver cómo se te manchaban los dedos, humanizándote, pareciéndose a los dedos de los pobres, a los míos, y arrojabas los pedazos al cesto de papeles diciendo casi enfadada :
-Ya, basta. Se acabo el recreo.
Y los tubos de pintura, soldaditos lisiados, se alineaban en la caja a dormir, a la misma hora que las flores del jardín, pero guardándose su olor, su idioma silencioso: Hastamañana-anarosa.
-Anda y trae tus juguetes, dijiste como si todos tuviéramos juguetes, y yo no podía decirte que los mios eran cajas de zapatos hace tiempo sin zapatos, carretes de hilo sin hilo o frejoles manchados como vacas, porque para mi santo y para Navidad mamá me regalaba siempre cosas útiles: dos pares de calcetines, salvo una vez que me dio un pantalón y esa otra vez que, no sé por qué, me regaló el caballito de celuloide azul.
…
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